El pueblo de Chukotka ostenta un insĂłlito dato biográfico: ser el primero del orbe en abrir un taller de tallado artĂstico de colmillo de morsa. Su receta es simple: aprovechar hasta el Ăşltimo centĂmetro los dones vivientes que les brinda el mar para subsistir, creando, de paso, un arte preciso y original.

